A la izquierda: El paleontólogo argentino José Bonaparte, examinado un húmero de dinosaurio colectado en el pongo de Rentema.
LA ERA MESOZOICA EN EL PERÚ
En la era Secundaria o Mesozoica, gran porcentaje del territorio peruano permanecía cubierto por las aguas. Lo que actualmente conocemos como litoral (Tumbes, Piura, Chiclayo, Trujillo, Chimbote, Lima, Ica, Camaná, Ilo y Tacna) yacía sumergido bajo el mar, formando parte de los fondos marinos
En uno de los ambientes del Museo de Historia Natural Javier Prado de Lima (en adelante MHNJPL), se exponen gráficos donde muestran que nuestro actual territorio estaba constituido por una estrecha faja de tierra, formada por colinas y volcanes de baja altura. En aquella época el clima era tropical y extensas playas de arena blanca y fina rodeaban a los recién nacido Andes.
BAGUA Y LAS IMPRONTAS DE UN ANTIGUO LITORAL
En el Mesozoico el Perú poseía dos riberas, una costa hacia la parte que sería el Oeste y otra al Este; Cajamarca para la primera y Bagua se localizaba en su parte opuesta, representando el litoral oriental; en el extremo meridional lo que ahora es Puno y desde luego Lima a cientos de metros bajo las aguas.
Los distritos de Bagua, guardan en la superficie y bajo su superficie organismos que la poblaron en épocas distantes; en determinados lugares como el pongo de Rentema se observa gran cantidad de fósiles de diferente género. La colina de Gallo Cantana y san Julián son dos yacimientos fosilíferos ubicados en Quebrada Seca al oeste de la ciudad de Bagua Grande, aquí también se evidencia las ingresiones marinas y si se revisa minuciosamente encontraremos huellas de dinosaurios adheridas al sedimento petrificado.
La presencia de osamentas de dinosaurio, de varias especies de ammonites, de diferentes formas malacológicas, de vértebras de cetáceo, de gran cantidad de rocas de origen marino permite establecer que de Bagua en algún momento fue zona costera.
Ya en el pasado siglo, en un Congreso Nacional de Geología, la paleontóloga Rosalvina Rivera indicaba que llegó a su poder dos especies de ammonites colectados en el pongo de Rentema, estos especimenes demuestran que por lo menos durante parte del Maestrichtiano esta región de los Andes estuvo sumergida bajo el mar (Rivera, 1956: 323-327).
Otro alcance nos brinda Eva Villavicencio, mediante el estudio de un ammonites pertenecientes al Cretácico Superior; ella concluyó que la paleoecología estaba constituida por un ambiente marino (Villavicencio, 1989: 35 y 36).